LYA
El arte detrás de nuestro tequila artesanal
En Luisyana, la historia de nuestro tequila comienza desde la tierra misma. Somos guardianes de una tradición centenaria y, como parte de nuestra integración vertical, cultivamos y cosechamos nuestro propio agave en los mismos potreros que han pertenecido a la familia por generaciones.
Nuestra jima es una labor meticulosa, un arte que requiere paciencia y precisión. Practicamos una jima larga, permitiendo que cada planta libere sus mejores azúcares, resaltando los sabores y aromas que hacen inconfundible a nuestro tequila.
Durante este proceso eliminamos cuidadosamente el cogollo del agave, ya que puede aportar notas amargas y vegetales al destilado. Al retirarlo, buscamos obtener un perfil más limpio, equilibrado y fiel a la expresión natural del agave maduro.
Solo seleccionamos agaves de más de siete años, aquellos que han madurado bajo el sol de Jalisco, absorbiendo el carácter de la tierra y ofreciendo la más alta calidad en cada gota de nuestro destilado.
El cocimiento del agave es el primer paso en la transformación de nuestra materia prima en un elixir de sabor excepcional. En nuestra destilería, honramos las viejas usanzas mediante un proceso de cocción completamente tradicional:
El 100% del agave es cocido en un horno de mampostería de piedra, donde el calor lento y uniforme transforma el agave durante 30 horas de cocimiento y 24 horas de reposo, manteniendo la esencia y profundidad de los sabores tradicionales.
La molienda es un proceso donde extraemos los jugos más puros del agave cocido. Para ello, utilizamos molinos de masas y agua de pozo profundo, proveniente del mismo potrero donde se encuentra nuestra destilería.
Esta agua, con su mineralidad única, aporta un toque distintivo al perfil de nuestro tequila, dándole un sabor que solo puede encontrarse en nuestra tierra.
Nuestra fermentación se divide en dos procesos complementarios que nos permiten encontrar un equilibrio entre consistencia, complejidad y variación natural. Lo que hace única esta etapa es la combinación de una levadura propia inducida y las levaduras salvajes presentes naturalmente en el entorno de nuestra destilería.
El 50% del mosto se fermenta durante 15 días con levadura salvaje, influenciada por los árboles frutales y la vegetación que rodean la destilería. Este proceso permite que cada fermentación desarrolle variaciones únicas de sabores y aromas.
La fermentación con levadura salvaje se lleva a cabo en una tina subterránea que, gracias a su ubicación, se mantiene protegida de los cambios bruscos de temperatura. Al reducirse los altos y bajos de temperatura, conseguimos una fermentación más estable y un perfil más uniforme, sin eliminar las variaciones naturales, la complejidad y el carácter que aporta la levadura salvaje.
El otro 50% del mosto se fermenta durante 12 días utilizando una levadura propia que agregamos cuidadosamente. Esta levadura inducida nos permite mantener un perfil todavía más uniforme y consistente entre cada producción, sin eliminar las variaciones aportadas por el 50% fermentado con levadura salvaje.
La combinación de ambas fermentaciones nos permite conservar la identidad de nuestro tequila: la levadura propia aporta uniformidad y consistencia, mientras que la levadura salvaje añade matices naturales y características únicas a cada lote.
Durante los primeros días, el fermento alcanza su máxima graduación alcohólica. Posteriormente entra en una fase de reposo prolongado, donde pierde parte de su alcohol, pero gana una mayor complejidad de sabores y aromas que lo distinguen.
Sabemos que nuestro fermento ha alcanzado su punto perfecto cuando en su superficie aparece una fina nata natural, indicándonos que la magia está completa y lista para la siguiente fase.
Cada gota de nuestro tequila es destilada con la paciencia y el cuidado que solo un maestro destilador puede ofrecer. El 100% de nuestra destilación se realiza en alambiques de cobre.
En la primera destilación o "destrozamiento", se eliminan impurezas y se concentra la esencia del agave.
Posteriormente, el destilado pasa por la rectificación, también realizada en alambiques de cobre, aportando esos sutiles aromas minerales que le dan a nuestro tequila su carácter especial.
Mantenemos una destilación lenta y precisa, asegurando que la temperatura del destilado no supere los 20°C. Este control evita la volatilización de los compuestos aromáticos, preservando todos los sabores y notas obtenidas en las etapas anteriores.
Antes de que nuestro tequila esté listo para su maduración o embotellado, lo dejamos reposar por 30 días en tanques de acero inoxidable. Durante este tiempo, el líquido se estabiliza, permitiendo que sus sabores se integren y redondeen de manera natural.
Para culminar esta fase, realizamos un proceso de oxigenación controlada, suavizando aún más la textura del tequila y logrando un balance perfecto entre intensidad, aroma y suavidad en boca.
En Luisyana aplicamos un filtrado mínimo y consciente, realizado únicamente con el objetivo de remover sedimentos naturales generados durante el reposo y la maduración.
No utilizamos procesos de filtración agresivos ni tratamientos destinados a modificar color, aroma o sabor. Este enfoque nos permite conservar intacto el perfil original del tequila, respetando la expresión auténtica del agave y el carácter obtenido a lo largo de cada etapa del proceso.
La perfilación de nuestros tequilas se realiza de manera completamente natural. En Luisyana no utilizamos ningún tipo de aditivo para modificar aroma, sabor, color o textura.
El perfil final de cada tequila se define exclusivamente mediante tiempos controlados de reposo y oxigenación, permitiendo que el destilado se estabilice, se redondee y exprese su carácter real sin intervenciones artificiales.
Para aquellos tequilas que requieren maduración, utilizamos exclusivamente barricas que han contenido whisky. Esta elección no es casualidad: el perfil frutal de nuestro tequila, resultado de la fermentación natural, se ve realzado por los matices sutiles que estas barricas aportan.
El resultado es un tequila con una personalidad única, donde el agave y las notas frutales se entrelazan en una sinfonía de sabores que rinden homenaje a nuestra historia y a la tierra que nos vio nacer.